La temperatura del agua rondaba los -1,6°C. No es exactamente un día de playa. Sin embargo, allí estaba ella. Una hembra madura de calamar bobtail ártico (Euprymna scolopes ) cuidando una nidada de huevos a una profundidad de 50 metros en el Atlántico Norte. Es una imagen que no necesariamente debería funcionar. El Ártico es uno de los entornos más duros del planeta. Pero lo hace de todos modos.

Por primera vez, los investigadores han capturado en vídeo pruebas de que este esquivo cefalópodo no sólo sobrevive, sino que se reproduce en un frío tan extremo. Las imágenes provienen de un rincón remoto del mundo que sigue siendo en gran medida un espacio en blanco en los mapas ecológicos: el Parque Nacional del Noreste de Groenlandia.

No se trata sólo de documentar un lindo momento con huevos. Es una evidencia de resiliencia biológica donde pocos se atreven a mirar. Y plantea serias dudas sobre cómo el cambio climático está remodelando la vida en la cima del mundo.

Por qué es importante este avistamiento de calamar bobtail ártico

El estudio, dirigido por Paige Maroni de la Universidad de Australia Occidental y publicado en Polar Biology, proporciona una base fundamental. A menudo asumimos que los ecosistemas polares son frágiles, estáticos o simplemente se están reduciendo bajo el calor del calentamiento global. Este hallazgo complica esa narrativa.

Estas criaturas ocupan un lugar fundamental en la red alimentaria. Los calamares y los pulpos son a la vez depredadores y presas. Comen cosas más pequeñas. Se los comen cosas más grandes. Debido a que son tan fundamentales para esa dinámica, actúan como un barómetro sensible de la salud de los ecosistemas.

“Establecer conocimientos sobre la biodiversidad en esta región es crucial para comprender la función y la resiliencia de los ecosistemas”, señaló Maroni. “Este estudio proporciona una nueva base valiosa”.

Si el calamar bobtail prospera en agua a -1,6°C, ¿qué más se esconde en el hielo? Más importante aún, ¿puede el sistema más amplio soportar el estrés del calentamiento acelerado? No lo sabemos todavía. Pero saber que están ahí es el primer paso.

Dónde encontrarlos en el noreste de Groenlandia

El descubrimiento tuvo lugar dentro de los límites del Parque Nacional del Noreste de Groenlandia. Es el parque nacional más grande de la Tierra. También es uno de los lugares más inaccesibles y menos explorados que quedan en el mapa.

Implementar cámaras en tales condiciones requiere precisión. El equipo utilizó un vehículo submarino (ROV) operado a distancia para navegar por las aguas oscuras y heladas. Cuando las lentes de las cámaras captaron el brillo de la presencia del calamar, los datos fueron innegables. Una madre calamar. Huevos a cuestas. Ninguna mano humana los toca. Simplemente la naturaleza hace lo que hace la naturaleza, incluso cuando la temperatura cae por debajo del punto de congelación.

Esta ubicación es clave porque el Ártico del Atlántico nororiental se está calentando más rápido que casi cualquier otro entorno marino. El seguimiento de la distribución de especies aquí no es una fachada académica. Es una carrera para ver qué permanece, qué se mueve y qué desaparece.

Cómo afecta el cambio climático a los hábitats de los cefalópodos árticos

Los ecosistemas árticos están cambiando. El hielo está retrocediendo. El agua se está calentando. Para algunas especies, esta es una puerta abierta. Para otros, es una trampa que se cierra.

Los calamares y pulpos de estas latitudes septentrionales son particularmente sensibles a los cambios térmicos. Sus tasas metabólicas, ciclos de reproducción y eficiencia de caza están ligados a la temperatura. Si el calamar bobtail puede mantener una población en un clima tan frío, sugiere un nivel de adaptabilidad que podríamos estar subestimando. O sugiere que ya están al borde del abismo, al límite de sus límites fisiológicos.

Comprender estos límites es la razón por la que este metraje es importante. No basta con saber que la especie existe. Necesitamos saber si se está reproduciendo con éxito. Si se trata de criar a jóvenes en estas condiciones, ofrece una idea de la posible resiliencia bajo el estrés climático. ¿Si el embrague falla el año que viene? Ese es otro dato. Pero ahora mismo, la evidencia apunta a la viabilidad.

¿Quién financia hoy las expediciones científicas polares?

Aquí hay un giro logístico que cambia la forma en que se hace ciencia en áreas remotas. El equipo no estaba en un buque de investigación exclusivo financiado por el gobierno que quemaba combustible costoso. Estaban a bordo del barco Secret Atlas Expedition Micro Cruise, apoyado por una iniciativa llamada Yachts for Science.

Este modelo empareja a viajeros que pagan con científicos en activo. Los críticos podrían llamarlo ecoturismo disfrazado de investigación. Los resultados dicen lo contrario.

“El turismo científico y de expedición de bajo impacto puede ayudar a cubrir grandes brechas de biodiversidad en regiones polares remotas”.

Maroni sostiene que esta asociación está resultando útil. Permite la recopilación de datos en ecosistemas poco estudiados sin la enorme huella de carbono ni el costo de las expediciones polares tradicionales. Es una solución práctica a un problema enorme: simplemente no tenemos suficientes investigadores, tiempo o dinero para cubrir el Ártico adecuadamente.

Incluso una sola observación verificada en estas aguas proporciona información sobre la distribución de las especies. Una mamá con sus huevos es más que una linda foto. Es una prueba de concepto. Para la ciencia. Y para sobrevivir.

El hielo todavía se está resquebrajando. El agua sigue subiendo. Pero en las profundidades oscuras y frías, algo todavía está eclosionando. La pregunta que todavía estamos tratando de responder es si será suficiente para superar el calentamiento.