Los medicamentos pueden reemplazar corazones, pulmones e incluso córneas. ¿Pero lograr que el tejido testicular trasplantado realmente funcione dentro de un cuerpo humano? Esa sigue siendo una de las fronteras difíciles de alcanzar de la salud reproductiva. Hasta ahora.

Lo ha conseguido un equipo de investigadores belgas. Trasplantaron con éxito tejido testicular a un hombre infértil y vieron regresar la producción de esperma. Los resultados, detallados en una preimpresión publicada a principios de este año, abren una nueva puerta para los tratamientos de infertilidad masculina, aunque el camino hacia un embarazo natural todavía está plagado de obstáculos.

El juego largo: del congelador a la función

La historia no comienza en un laboratorio, sino en 2002, cuando el Dr. Herman Tournaye y sus colegas comenzaron a almacenar tejido testicular de niños que enfrentaban tratamientos que amenazaban su fertilidad. La anemia de células falciformes, la condición del paciente en este estudio, puede causar esterilidad. También puede hacerlo la quimioterapia para el cáncer.

El protocolo era estricto: extraer un testículo, cortarlo en fragmentos y congelarlos.

¿Por qué mantenerlo interno? El autotrasplante (el uso del propio tejido del paciente) era la única forma de evitar el rechazo.

“Implantar tejido testicular de otra persona… lo rechazarías”, dice Tournaye.

Al utilizar células de la misma persona, eludieron por completo las defensas del sistema inmunológico. No se necesita inmunoterapia. Sólo biología, almacenada hasta que fuera necesaria.

Fueron necesarias décadas de refinamiento. El equipo probó sus técnicas en animales. Esperaron. Y luego, en 2008, el paciente se acercó a ellos. Estaba listo para los niños.

El procedimiento de diciembre de 2024

La cirugía se realizó en diciembre de 2024. Los médicos descongelaron once fragmentos de tejido y los injertaron en ocho sitios separados dentro del escroto del paciente.

Pasó un año. El equipo recuperó los injertos.

Encontraron algo significativo. El tejido había comenzado a producir espermatozoides.

Este no fue el primer intento de trasplante testicular. La historia se remonta a 1913, cuando Victor Lespinasse intentó implantar testículos de cadáveres para curar la impotencia. Más tarde, los cirujanos lograron volver a unir los testículos cortados por un traumatismo, y en ocasiones restauraron la producción de esperma. Los científicos también han observado que el tejido trasplantado produce descendencia en ratones.

Pero esta es la primera vez que se hace en un humano.

Optimismo cauteloso

Los expertos externos están observando de cerca. Emilie Johnson, profesora de urología de la Universidad Northwestern que no participó en el estudio, califica el resultado de “cautelosamente optimista”.

Las células produjeron espermatozoides. Ese es un hito enorme. Pero hay salvedades.

“Observaron la espermatogénesis, lo cual fue sorprendente”, señala Johnson. “Pero sólo obtuvieron un par de [pocos] espermatozoides… la morfología no era totalmente normal”.

Una forma anormal puede significar una función comprometida. ¿Pueden estos espermatozoides realmente fertilizar un óvulo? El estudio no lo dice. Esa incertidumbre es la razón por la que los próximos pasos son tan importantes.

La Obstrucción: Cómo Sacar el Esperma

Aquí está el problema práctico. Los injertos se colocaron en tejido que no se conecta con las vías normales de la eyaculación.

Los espermatozoides se producen, pero quedan atrapados.

Tournaye explica que será necesario recolectar el esperma del paciente mediante una biopsia. Luego, debe implantarse en su pareja mediante fertilización in vitro (FIV).

“Esa es la única salida para él”, dice Tournaye.

Suena complejo. Caro, incluso. Johnson señala que, para los pacientes que se enfrentan a tratamientos que les salvan la vida, como la terapia contra el cáncer, este procedimiento es “relativamente menor”. En comparación con toda la gama de intervenciones de fertilidad, es pequeña.

¿Quién califica? ¿Y qué pasa con los supervivientes del cáncer?

El paciente en este caso tenía anemia falciforme. No entrañaba el riesgo de reintroducir células malignas en su organismo. Los tratamientos contra el cáncer a menudo implican congelar tejido para salvar la fertilidad, pero reintroducirlo podría provocar una recaída si hay células cancerosas presentes.

La leucemia representa aquí un peligro específico. No se puede simplemente descongelar y trasplantar; corre el riesgo de inyectarle leucemia nuevamente al paciente.

Pero Tournaye cree que la técnica se puede adaptar. Los nuevos métodos permiten a los investigadores examinar pequeñas muestras de tejido en busca de células malignas antes del trasplante.

“Existen muchas técnicas… para comprobar si en el caso de la leucemia existen células como ésta”, señala.

Existe la tecnología para hacer esto más seguro para los sobrevivientes de cáncer. Aún no se ha probado en ellos. Pero la barrera no es la imposibilidad biológica. Es validación.

Una nueva opción para la infertilidad

Este avance no significa que la concepción natural sea inminente. Significa que la opción de preservar la fertilidad ya no es sólo teórica para los niños que se enfrentan a tratamientos de esterilización. Y para hombres como el paciente del estudio, ofrece una oportunidad de paternidad genética, sin importar cómo esté mediado el proceso.

Los espermatozoides están ahí. El tejido funciona. La pregunta ahora es si los espermatozoides son lo suficientemente viables como para dar el salto a la fertilización.

Hasta entonces, estamos en un juego de espera. Una larga espera. Pero el tejido no rechazó. Las células despertaron.

Y eso lo cambia todo.