La pintura deja huella. No sólo pigmento sobre piedra. ADN. También.
Los científicos finalmente extrajeron ADN humano del antiguo arte rupestre. Una primicia. El truco convierte estos huecos en la roca en “archivos genéticos”. De repente, las cuevas nos dicen quién vivió allí, no sólo lo que dibujaron.
La excavación
El equipo examinó 11 cuevas en España y Portugal. Publicado en Comunicaciones de la naturaleza. El objetivo era sencillo. Vea si la pintura en sí contiene pistas genéticas.
Alba Bossoms Mesa lidera la carga. Está en el Instituto Max Planck. Sus muestras se remontan a 16.0000 años atrás.
“Las muestras con mejor ADN… podrían tener hasta 16.000 años.”
Ella no rompió nada. La ética importa aquí.
En algunos puntos la roca ya estaba rota. De allí sacaron pequeñas fichas. ¿En Altamira? Famoso, frágil. Usaron agua. El agua que gotea sobre las paredes acumula partículas. Fácil de sacar. No se necesitan astillas.
Sangre, sudor, murciélagos
De 11 sitios, cinco revelaron ADN humano antiguo. La mayor parte fue un desastre. Mezclado con ADN de murciélago. ADN de roedor. ¿Por qué?
El polvo viaja. Los sedimentos del suelo vuelan hasta las paredes durante siglos. Transferencia natural.
La cueva del Escoural en Portugal era diferente. Señal más limpia. ADN humano. Solo. Sin animales. Estas cosas vinieron de los pintores. Toque de piel. Sudor. Saliva. Apoyado contra la pared para descansar. La presencia física del artista permanece.
¿Quién pintó aquí?
La cueva de Covarón en España contó una historia más amplia. ADN mezclado nuevamente. Pero hubo mucho de eso. Tanto que los investigadores pudieron rastrear la ascendencia.
Cazadores-recolectores. Europeos occidentales y centrales. Estuvieron allí hace entre 16700 y 5200 años.
Pero aquí está el truco.
¿ADN humano puro? Encontrado en las paredes cercanas sin pintar. ADN mezclado en las pinturas. ¿Eran esas mismas personas los artistas? No lo sabemos. El ADN sin pintar demuestra presencia, no autoría. Sólo gente caminando, dejando su piel muda.
¿Un nuevo juego?
A Adam Brumm le gusta esto. Trabaja en la Universidad Griffith. Él no estaba en este estudio. Pero él conoce la lucha.
Intentó obtener ADN de plantillas de manos en Indonesia. Cosas del Pleistoceno tardío. Célebes, Borneo. Fallido.
“Me alegro de ver los resultados prometedores.”
Esas plantillas son viejas. 67800 años. Este ADN español es más joven. ¿Más fácil de agarrar? Tal vez.
Si funciona sobre arte rupestre, todo cambia. Dejamos de adivinar quién sostenía el pincel. Empezamos a saber.
¿Funcionará siempre? Probablemente no.
Pero la idea persiste. El ADN permanece. Se esconde entre el ocre rojo y el barro negro. Espera.
Es posible que algunas preguntas queden abiertas. O tal vez permanezcan abiertos por mucho tiempo.




















