Thoth estaba ocupado. Como antigua deidad egipcia de la magia, la escritura y la luna, no podía permitirse el lujo de ceñirse a una sola mirada. A veces es un babuino. A veces es un ibis. Un ave grande con un pico largo y curvo. Es confuso si no conoces la historia, pero un nuevo estudio finalmente responde a la pregunta de por qué estas criaturas tan dispares comparten un perfil tan alto en el panteón.

La respuesta no es la mitología. Es física. Y es de color blanco brillante.

El vínculo lingüístico y visual

Para entender el simbolismo, hay que fijarse en el lenguaje. Estudios recientes han rastreado las raíces del nombre de Thoth en términos lingüísticos del norte de África que significan “brillante” o “cosa blanca”. Es una pista sutil, pero apunta hacia una asociación visual más que simplemente a un concepto abstracto.

Los egipcios eran prácticos. Momificaron miles de ibis sagrados. Estos entierros sugieren una profunda reverencia, pero ¿por qué ese pájaro? Entre al menos tres especies de ibis que conocían, siempre eligieron el ibis sagrado de plumas blancas. Tenían dos especies de babuinos disponibles. Se quedaron con las hamadryas.

Ambas especies comparten un rasgo específico del que carecían los demás primates y aves locales. Reflejan la luz. En concreto, la luz de la luna.

La espectroscopia confirma la teoría

La especulación teórica es divertida, pero la ciencia pura es mejor. Un equipo dirigido por Catherine Hobaiter, investigadora de primatología de la Universidad de St Andrews, decidió dejar de adivinar y empezar a medir. Observaron Papio anubis (babuinos oliva), Papio hamadryas (babuinos hamadryas) y Threskiornis aethiopus (ibis sagrado africano).

¿El método? Espectroscopia. Esta técnica mide la frecuencia de las ondas de luz reflejadas desde la superficie de un objeto. Elimina el ojo humano de la ecuación. La percepción humana del color puede ser subjetiva; las frecuencias de la luz no lo son.

Los resultados fueron crudos. El pelo canoso del babuino hamadryas y el plumaje del ibis sagrado tienen perfiles espectrales indistinguibles de los de la luna.

“Así pues, los ibis sagrados y los babuinos hamadmyas son diferentes en muchos aspectos, pero una cosa los une: el color parecido a la luna”, señaló Hobaiter.

Otros animales no pasaron esta prueba. ¿El babuino oliva? Perfil diferente. ¿El mono verde? Nada como el resplandor lunar. ¿El mono patas? Irrelevante. Los egipcios no eligieron a estos animales sólo por su temperamento o su inteligencia. Los eligieron porque brillaban con la misma luz que el cuerpo celeste que gobernaba Thoth.

¿Por qué no otros monos?

Vale la pena señalar que no todos los primates eran bienvenidos en el antiguo Egipto. Hoy en día, muchas culturas africanas todavía consideran negativamente a los babuinos, considerándolos plagas agrícolas que destruyen los cultivos. El babuino oliva, por ejemplo, es conocido por ese comportamiento. Sin embargo, Thoth fue asociado con los hamadryas.

¿Por qué la distinción? Las hamadryas son de color blanco plateado. El babuino oliva es marrón. En el contexto del culto lunar, la diferencia lo es todo.

La doble apariencia de Thoth no es una elección artística aleatoria ni una confusión mitológica. Es un reflejo de su dominio. Si mirabas al cielo nocturno, la luna era la constante. Si mirabas los animales que lo reflejaban, encontrabas los ibis y las hamadryas. Eran espejos vivientes.

El simbolismo de la reflexión

La magia, la sabiduría y la escritura requieren luz. No se puede ver el pasado sin una especie de linterna. No puedes leer las estrellas si está nublado. La luna proporciona iluminación tanto para la navegación como para la actividad nocturna.

Al elegir animales que reflejaran ese espectro específico, los egipcios crearon una taquigrafía visual que trascendió el lenguaje. Un sacerdote ve una hamadryas y ve la luna. Él ve a Thoth. No ve sólo un mono. El animal se convierte en un conducto.

El estudio, publicado en la revista Time and Mind, cierra el círculo de un debate de siglos de antigüedad. No se trataba sólo de los animales mismos. Se trataba de la luz que arrojaban a los cielos.

Todavía hoy utilizamos símbolos para representar conceptos abstractos, aunque los nuestros suelen ser más geométricos. Una paloma por la paz. Una balanza por la justicia. Ya no tenemos muchas mascotas animales para los fenómenos físicos. Quizás deberíamos hacerlo. Hay algo convincente en una deidad que está literalmente hecha de materia de la noche.