Durante más de 175 años, el destino de la expedición ártica perdida de Sir John Franklin ha estado envuelto en un misterio. Si bien la tragedia del HMS Erebus y del HMS Terror está bien documentada, las historias individuales de los 129 hombres que perecieron permanecieron en gran medida anónimas. Ahora, una innovadora investigación genética ha sacado a cuatro de estos marineros de la oscuridad histórica, identificándolos por su nombre por primera vez.
La tragedia se desarrolla
La Expedición Franklin, lanzada en 1845, fue una misión naval británica de alto perfil destinada a trazar el Paso del Noroeste, una elusiva ruta sin hielo que conecta los océanos Atlántico y Pacífico a través del Ártico canadiense. Armada con dos barcos de hierro fuertemente reforzados, equipados con máquinas de vapor y abundantes provisiones, la flota zarpó con confianza.
Sin embargo, el Ártico se mostró implacable. A finales de 1846, ambos barcos quedaron atrapados en el hielo frente a la isla Rey Guillermo. A medida que pasaban los inviernos, los suministros disminuyeron y la salud se deterioró. En abril de 1848, Franklin y otros 23 miembros de la tripulación habían muerto. En un último intento desesperado por sobrevivir, los 105 hombres restantes abandonaron sus barcos y marcharon hacia el sur a través del hielo marino hacia el continente canadiense.
El resultado fue catastrófico. Al enfrentar temperaturas que probablemente cayeron a -30°C (-22°F), la tripulación, ya debilitada por el escorbuto, el envenenamiento por plomo de los alimentos enlatados y el agotamiento, murió en masa.
“Debe haber sido horrible”, dice Douglas Stenton, arqueólogo de la Universidad de Waterloo. “Estos hombres no estaban sanos después de tres años en el Ártico”.
Nombres restaurados a través de la ciencia
En un nuevo estudio publicado en el Journal of Archaeological Science: Reports, la autora principal Catherine Denton y su equipo identificaron con éxito a tres marineros cuyos restos fueron encontrados en la Isla Rey William. Al comparar el ADN extraído de los restos esqueléticos con el de descendientes vivos, confirmaron las identidades de:
- William Orren, un marinero experto;
- David Young, un marinero de primera clase de 17 años que se había alistado en Londres; y
- John Bridgens, mayordomo de oficiales subordinados.
Los tres habían servido en el HMS Erebus.
En un estudio separado que se publicará próximamente en Polar Record, el equipo identificó a un cuarto marinero, Harry Peglar, que había navegado en el HMS Terror. Sus restos fueron descubiertos más al sur que los demás, lo que sugiere que pudo haber viajado más en la desesperada marcha antes de sucumbir a los elementos.
Por qué esto es importante
La identificación de estos individuos hace más que actualizar un libro de contabilidad histórico; humaniza una tragedia nacional. Durante décadas, la Expedición Franklin fue vista como un fracaso monolítico: una historia de barcos y hielo. Ahora bien, es también una historia de vidas concretas: un adolescente como David Young, lejos de casa, y marineros avezados como Orren y Peglar.
Este avance genético se basa en esfuerzos anteriores que identificaron a otros dos miembros de la tripulación, lo que eleva el número total de marineros identificados positivamente a seis de los al menos 23 conjuntos de restos descubiertos hasta ahora. Cada identificación ofrece a los arqueólogos e historiadores una imagen más clara de la demografía, la salud y los movimientos finales de la tripulación, lo que ayuda a reconstruir la desgarradora cronología de su desaparición.
Conclusión
El uso de la tecnología del ADN ha transformado el estudio de la Expedición Franklin de una búsqueda de artefactos a una recuperación de identidades. Al nombrar a los muertos, los investigadores no sólo honran su memoria sino que también brindan un contexto crítico a uno de los desastres marítimos más famosos de la historia.
