Arqueólogos en los Países Bajos han descubierto una escultura de falo de 7,8 pulgadas de largo, notablemente conservada, tallada en hueso, que data de entre 1.800 y 2.000 años del período romano. El hallazgo se produjo durante un proyecto de catalogación muy retrasado en el Museo Valkhof en Nijmegen, donde el artefacto había permanecido almacenado desapercibido durante décadas.
El significado del simbolismo fálico romano
Este descubrimiento es notable porque, si bien los romanos no eran mojigatos con las representaciones de genitales, e incluso usaban imágenes fálicas como símbolos protectores, este es el primer ejemplo documentado de una escultura de este tipo elaborada a partir de hueso. La mayoría de los artefactos supervivientes son de piedra o madera. El material probablemente provenía de un animal, como una vaca o una cabra.
Los falos se exhibían comúnmente en los hogares romanos, a menudo encima de las puertas, como protección contra la desgracia, un concepto conocido como “mal de ojo”. También aparecieron en joyería, destacando su importancia cultural. Los romanos no veían los genitales con vergüenza y el símbolo tenía un profundo significado cultural.
Un tesoro de historia olvidada
La escultura fue encontrada entre más de 16.000 cajas sin abrir de reliquias recolectadas en varias excavaciones en la provincia de Gelderland, que alguna vez fue parte del Imperio Romano. Hasta ahora sólo se han abierto unas 300 cajas, de las que ya se han encontrado otros hallazgos: un “face beaker” (un recipiente para beber con una cara en un costado) notablemente bien conservado y tazas con base de molde decoradas con escenas detalladas de paisajes boscosos.
El gran volumen de estos artefactos subraya la larga historia de la región como Noviomagus, un centro administrativo y militar crucial cerca de la frontera norte del Imperio Romano. Los descubrimientos sugieren que la población local no solo soportó la ocupación romana, sino que adoptó e integró activamente las tradiciones, el arte y el simbolismo romanos.
¿Qué sigue?
La arqueóloga Ilse Schuuring señala que los romanos “no tenían vergüenza en torno a los genitales”, lo que sugiere que es probable que se realicen más descubrimientos de artefactos similares a medida que el archivo esté completamente catalogado. Este hallazgo proporciona una visión única de la vida cotidiana y las creencias de las personas que vivían bajo el dominio romano, y resalta cuán profundamente arraigada estaba la sexualidad en la cultura.
La excavación en curso de estas cajas olvidadas promete una mayor comprensión del pasado romano. El archivo del Museo Valkhof sirve de recordatorio de que incluso en épocas bien estudiadas aguardan sorpresas escondidas a plena vista.



















