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La ciencia de lo espeluznante: cómo el infrasonido podría imitar un fantasma

¿Alguna vez has entrado en un edificio antiguo y has sentido una inexplicable sensación de pavor, o quizás se te han erizado los pelos del cuello? Si bien muchos optarían por explicaciones sobrenaturales, la ciencia sugiere que el culpable podría ser mucho más terrestre: el infrasonido.

El infrasonido se refiere a sonidos de frecuencia ultrabaja por debajo de 20 Hertz (Hz), un rango que es esencialmente inaudible para el oído humano pero que aún se puede sentir físicamente. Estas frecuencias son comunes en la naturaleza y se encuentran en todo, desde tormentas eléctricas hasta tráfico intenso, pero una nueva investigación sugiere que pueden desempeñar un papel importante en la forma en que percibimos los entornos “embrujados”.

El desencadenante oculto de la ansiedad

Un estudio reciente publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience explora el vínculo entre estos tonos imperceptibles y la angustia psicológica humana. Los investigadores, dirigidos por el psicólogo Rodney Schmaltz de la Universidad MacEwan, investigaron si los infrasonidos pueden alterar el estado de ánimo de una persona incluso cuando no son conscientes de que lo están escuchando.

Para probar esto, los investigadores realizaron un experimento con 36 voluntarios:
La configuración: Los participantes escucharon música relajante o inquietante de forma aislada.
La variable: La mitad de los participantes estuvieron expuestos a tonos de infrasonidos de 18 Hz a través de subwoofers ocultos.
La medición: Los investigadores rastrearon las respuestas emocionales a través de encuestas y midieron el estrés fisiológico a través de niveles de cortisol salival.

Hallazgos clave

Los resultados revelaron una fascinante desconexión entre la percepción consciente y la realidad biológica:
1. Aumento del estrés: Los participantes expuestos a infrasonidos mostraron niveles significativamente más altos de cortisol, la principal hormona del estrés del cuerpo.
2. Alteración del estado de ánimo: Incluso cuando escuchaban la misma música, aquellos expuestos al infrasonido informaron sentirse más irritables y percibieron la música como “más triste”.
3. Influencia invisible: Fundamentalmente, los participantes no pudieron detectar de manera confiable la presencia del infrasonido. Su creencia (o falta de ella) con respecto al sonido no tuvo impacto en su respuesta fisiológica; el cuerpo reaccionó independientemente de la conciencia de la mente.

De visiones fantasmales a fanáticos defectuosos

La conexión entre el sonido de baja frecuencia y las experiencias “paranormales” no es del todo nueva. Uno de los casos más famosos es el del ingeniero británico Vic Tandy en los años 80. Tandy informó haber visto formas extrañas y fantasmales en su visión periférica mientras trabajaba en una fábrica. Finalmente descubrió que un ventilador cercano estaba generando infrasonidos y, una vez que el ventilador se desactivó, sus “visiones” desaparecieron.

Este fenómeno pone de relieve una brecha crítica en la percepción humana: nuestros cuerpos pueden reaccionar a estímulos ambientales que nuestra mente consciente ignora por completo. En muchos lugares “embrujados”, particularmente edificios antiguos con sistemas de ventilación obsoletos o tuberías de sótanos, la vibración rítmica de las tuberías puede crear un “zumbido” infrasonido constante y de bajo nivel.

Por qué esto es importante

Esta investigación es vital porque proporciona un marco científico para comprender la pseudociencia. Al identificar cómo las frecuencias físicas y mensurables pueden inducir sentimientos de miedo, agitación o incluso distorsiones visuales, podemos explicar mejor por qué ciertos lugares se sienten “pesados” o “siniestros” sin necesidad de invocar lo sobrenatural.

Si bien el pequeño tamaño de la muestra del estudio significa que se necesita más investigación para confirmar estos efectos en diferentes frecuencias, nos acerca un paso más a desmitificar los “fantasmas” del mundo.

Conclusión: La sensación de ser observado o inquieto en un edificio antiguo puede no ser un roce con el más allá, sino más bien una reacción fisiológica a vibraciones invisibles de baja frecuencia causadas por la propia infraestructura que nos rodea.

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