El secretario de Defensa, Pete Hegseth, anunció el martes que el ejército estadounidense dejará inmediatamente de exigir a los miembros del servicio que reciban la vacuna anual contra la influenza. La decisión, que describe la medida como una forma de “restaurar la libertad” de la Fuerza Conjunta, ha generado duras críticas por parte de expertos en salud pública y veteranos militares que advierten sobre riesgos potenciales tanto para la salud individual como para la seguridad nacional.
Un cambio de política
La nueva directiva elimina un mandato de larga data, haciendo que la vacuna contra la gripe sea opcional para todos los miembros del servicio. Esto marca un alejamiento significativo de los protocolos médicos militares establecidos, que tradicionalmente han considerado la vacunación masiva como un componente vital para mantener una fuerza desplegable saludable.
La perspectiva de la salud pública
La decisión se opone directamente a la orientación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que recomiendan la vacuna anual contra la gripe para casi todos los estadounidenses mayores de seis meses de edad. La eficacia de estas vacunas está avalada por datos significativos:
– Durante la temporada 2024-2025, los CDC estimaron que las vacunas contra la gripe evitaron aproximadamente 180 000 hospitalizaciones.
– Se estima que las vacunas salvaron 12.000 vidas durante ese mismo período.
Los epidemiólogos, como la profesora de la Universidad de Brown, Jennifer Nuzzo, señalan que si bien es posible que la vacuna no siempre prevenga la infección por completo, su valor principal radica en su capacidad para reducir la gravedad de la enfermedad y prevenir hospitalizaciones.
Riesgos para la “protección de la fuerza” y la preparación
Más allá de la salud individual, los expertos sostienen que el cambio de política podría tener consecuencias sistémicas para la capacidad del ejército para operar con eficacia.
1. Disponibilidad operativa
El personal militar suele vivir y trabajar en entornos cerrados y de alta densidad, como cuarteles, barcos y aviones de transporte, donde las enfermedades infecciosas se propagan rápidamente. Richard Ricciardi, profesor de la Universidad George Washington y veterano retirado del ejército estadounidense, enfatizó que la vacunación es una cuestión de “protección de la fuerza” más que de política. Un aumento repentino en los casos de influenza podría marginar a un gran número de tropas simultáneamente, comprometiendo la preparación de la misión.
2. Seguridad nacional e impacto global
Los expertos sugieren que la medida va en contra de la intuición del objetivo de mantener una fuerza preparada. Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas, señaló que los datos científicos sobre la seguridad y eficacia de las vacunas son “claros y convincentes”.
Además, la historia sirve como advertencia: durante la pandemia de 1918, los primeros brotes se vincularon con soldados que se movían por campamentos militares, lo que ilustra cómo los movimientos militares pueden acelerar inadvertidamente la propagación global de virus.
3. Costos económicos y logísticos
Se espera que una disminución en las tasas de vacunación conduzca a:
– Mayores tasas de enfermedad entre los miembros del servicio.
– Aumento de los costos de atención médica para el gobierno de EE. UU.
– Posibles perturbaciones durante períodos de mayor compromiso global.
Reacciones de expertos
La respuesta de la comunidad médica ha sido abrumadoramente crítica. Georges Benjamin, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Salud Pública, calificó la decisión de “irresponsable”, argumentando que socava la preparación médica esencial para el mando militar.
“Si se vacuna a menos personal militar… probablemente significaría que más tropas enfermarían… lo que comprometería la preparación para el combate de nuestras fuerzas armadas”, advierte el profesor Nuzzo.
Conclusión
Al eliminar el mandato de la vacuna contra la gripe, el Departamento de Defensa ha priorizado la autonomía individual sobre los protocolos tradicionales de salud pública. Sin embargo, este cambio plantea importantes interrogantes sobre el impacto a largo plazo en la salud de las tropas, la capacidad operativa y la capacidad del ejército para responder a las crisis globales.




















