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La antigua “ametralladora”: nueva evidencia de armamento de asedio avanzado en Pompeya

Los arqueólogos se han basado durante mucho tiempo en textos antiguos para comprender la evolución de la guerra, pero la evidencia física de ciertas armas legendarias sigue siendo difícil de alcanzar. Ahora, un estudio publicado en la revista Heritage sugiere que los investigadores finalmente pueden haber encontrado las “huellas digitales” de una maravilla mecánica: los polybolos.

Ubicadas en los muros de Pompeya marcados por la batalla, estas marcas proporcionan la primera evidencia tangible de un arma de repetición que es dos milenios anterior a las ametralladoras modernas.

El asedio del 89 a. C.

Si bien Pompeya es más famosa por su destrucción a manos del Monte Vesubio en el año 79 d.C., sus fortificaciones cuentan una historia de conflicto mucho más antigua. Casi 170 años antes de la erupción volcánica, la ciudad fue un objetivo durante las Guerras Sociales (91–87 a.C.).

Durante este período, las fuerzas romanas dirigidas por el general Lucio Cornelio Sila sitiaron la ciudad. Para romper la resistencia de Pompeya, las tropas romanas atacaron las murallas del norte cerca de las puertas de Herculano y Vesuvio con artillería pesada. Si bien la ciudad finalmente se rindió y fue anexada al Imperio Romano, las cicatrices de esa batalla permanecen grabadas en la piedra.

Distinguiendo las balistas de los polibolos

Durante años, los investigadores atribuyeron gran parte del daño a las paredes a las balistas : enormes motores de torsión que funcionaban como ballestas de gran tamaño. Estas armas normalmente dejaban grandes abolladuras circulares y astillas en las fortificaciones causadas por pesados ​​proyectiles de piedra.

Sin embargo, utilizando escaneos láser de alta resolución, modelado 3D e imágenes detalladas, investigadores de la Universidad de Campania identificaron un patrón de destrucción diferente:

  • Las marcas: En lugar de grandes cráteres, ciertas secciones de la pared presentan pequeños hoyos de cuatro lados.
  • El patrón: Estos hoyos están agrupados muy juntos en grupos en forma de abanico.
  • El Impacto: La poca profundidad de las muescas (sólo unos pocos centímetros) sugiere que fueron causadas por pernos con punta de metal en lugar de piedras pesadas.

Esta distribución específica (regular, estricta y repetitiva) es el sello distintivo de un arma capaz de realizar disparos rápidos y sucesivos.

Una maravilla mecánica: Los Polybolos

El polybolos fue un diseño revolucionario atribuido al ingeniero griego Dionisio de Alejandría en el siglo III a.C. A diferencia de la balista, que dependía de la tensión de cuerdas retorcidas, los polibolos utilizaban un sofisticado sistema de cadenas y engranajes mecánicos.

Este mecanismo permitía disponer de un “depósito” de municiones, lo que permitía a los operadores disparar múltiples disparos en rápida sucesión. Escritores antiguos como Filón de Bizancio la describieron como una “catapulta de repetición”, un concepto tan avanzado que una tecnología de disparo rápido similar no reaparecería en la guerra hasta dentro de casi 2.000 años.

Por qué es importante este descubrimiento

Este hallazgo cierra la brecha entre la literatura histórica y la realidad arqueológica. Durante siglos, los polybolos existieron sólo en los escritos de los antiguos ingenieros; ahora, su impacto destructivo está físicamente documentado.

La presencia de esta arma en Pompeya también arroja luz sobre la estrategia militar romana. Se sabía que el general Sila había integrado avances tecnológicos avanzados del Mediterráneo oriental en sus campañas. Esto sugiere que el ejército romano no era sólo una fuerza de fuerza bruta, sino una máquina altamente sofisticada capaz de adoptar y desplegar la ingeniería griega de vanguardia para asegurar el dominio.

Este descubrimiento confirma que el mundo antiguo poseía complejidades mecánicas mucho más avanzadas de lo que se había demostrado anteriormente únicamente con evidencia física.

En resumen, el descubrimiento de sitios de impacto de polibolos en Pompeya proporciona la primera prueba física de armamento antiguo repetido, lo que ilustra un nivel sofisticado de tecnología militar que no se volvería a ver durante siglos.

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