Los legisladores del estado de Washington han tomado medidas para prohibir preventivamente el uso coercitivo de microchips en el lugar de trabajo, aprobando un proyecto de ley a través del comité de la Cámara y el Senado con apoyo bipartidista. HB 2303 prohíbe explícitamente a los empleadores solicitar, exigir o coaccionar a los empleados para que reciban implantes de microchips. La legislación responde a las crecientes preocupaciones sobre posibles abusos futuros de la tecnología de microchips subdérmicos en el lugar de trabajo.
La amenaza emergente de la vigilancia en el lugar de trabajo
El proyecto de ley, presentado por las representantes Brianna Thomas y Lisa Parshley, reconoce que si bien el uso obligatorio de microchips no está muy extendido actualmente, existe la posibilidad a medida que la tecnología se vuelve más accesible. Los legisladores argumentan que los desequilibrios de poder inherentes en las relaciones entre empleadores y empleados hacen que el “verdadero consentimiento” sea imposible cuando el microchip se presenta como una condición de empleo.
La ley no prohíbe el uso de microchips voluntarios, que ya se utilizan en aplicaciones médicas y de seguimiento de mascotas. En cambio, se centra en evitar que las empresas conviertan la tecnología en un medio de vigilancia constante de los empleados.
Por qué esta ley es importante ahora
El momento es clave. A medida que avanza la tecnología de los microchips, resulta cada vez más factible incrustar chips debajo de la piel con fines que van más allá de la identificación o los datos médicos. Esto genera preocupaciones sobre el seguimiento de los movimientos de los empleados, el seguimiento de la productividad o incluso el cumplimiento de las reglas del lugar de trabajo. Los partidarios del proyecto de ley creen que esperar a que se produzcan tales abusos haría más difícil abordarlos legalmente.
“No queremos tener que intentar arreglar un desastre imposible cuando ya sea demasiado tarde. Así que nos estamos adelantando al problema”, afirmó el representante Thomas.
Sanciones para los infractores
La ley propuesta establece sanciones financieras claras para las empresas que violen la prohibición: una multa mínima de 10.000 dólares por la primera infracción, que aumenta a 20.000 dólares por cada infracción posterior.
La medida del estado de Washington sienta un precedente para la protección de los trabajadores frente a la rápida evolución de las capacidades tecnológicas. Al prohibir formalmente el uso forzoso de microchips, los legisladores pretenden garantizar que la autonomía de los empleados permanezca intacta, incluso cuando la línea entre conveniencia y coerción se desdibuja en la era digital.



















