La compositora experimental Holly Herndon es pionera en una nueva era en la música, una en la que la inteligencia artificial no es solo una herramienta sino un socio colaborativo en el proceso creativo. Herndon, cuya experiencia abarca desde coros de iglesia hasta estudios de doctorado en música por computadora, ha desarrollado modelos de inteligencia artificial capaces de replicar su voz y estilo, abriendo posibilidades para la interpretación colectiva y la experimentación artística.

El auge del “arte protocolar”

Herndon describe su trabajo como “arte de protocolo”, donde el acto creativo pasa de componer con instrumentos a diseñar los mismos sistemas que crean. Esto significa elaborar meticulosamente conjuntos de datos de entrenamiento, no solo extraer contenido existente, sino también componer material original específicamente para el aprendizaje de IA.

“La creación del conjunto de datos es parte de la obra de arte. A menudo escribo música no necesariamente para oídos humanos sino para que una computadora aprenda algo”.

Este enfoque es una respuesta directa a las limitaciones de los modelos comerciales de IA, que a menudo se basan en conjuntos de datos amplios y desenfocados que dan como resultado resultados genéricos. Herndon cree en la curación de paletas sonoras únicas, muy parecida a la de un músico electrónico que crea muestras personalizadas.
¿El resultado? Modelos que generan sonidos verdaderamente distintivos, libres de las limitaciones de las estructuras típicas de las canciones.

El poder de la clonación de voz y la identidad en tiempo real

Un gran avance llegó con “Holly+”, un clon de voz en tiempo real que permite a cualquiera cantar con el estilo vocal de Herndon. Las implicaciones son sorprendentes: los artistas pueden habitar la identidad de otro artista en el escenario, mezclando la expresión humana y mecánica. Esta tecnología aún se encuentra en sus primeras etapas, pero Herndon visualiza un futuro en el que la transformación vocal permitirá interpretaciones híbridas, combinando agudos operísticos con graves parecidos a los de una ballena, o incluso fusionando voces de maneras impredecibles.

Más allá de la automatización: colaboración y conexión IRL

El trabajo de Herndon no trata de reemplazar a los artistas humanos; se trata de amplificar la creatividad colectiva.
Un proyecto reciente en Berlín implicó entrenar un modelo de inteligencia artificial sobre las composiciones de Hildegard von Bingen y luego invitar a los artistas y al público a colaborar en tiempo real. El objetivo es unir a las personas, no aislarlas detrás de pantallas. Herndon y su socio Mat Dryhurst abogan por un cambio del desplazamiento pasivo hacia un “paseo” activo: interacción en el mundo real facilitada por herramientas de inteligencia artificial.

Un futuro donde la IA libera la creatividad

Herndon reconoce los temores que rodean a la IA, particularmente en una economía impulsada por la atención. Pero sigue siendo optimista y sugiere que la IA podría filtrar el ruido y conectar a las personas de manera significativa. Ella imagina a los desarrolladores “codificando vibraciones” con agentes de inteligencia artificial mientras viven sus vidas, construyendo un futuro donde la tecnología mejore, en lugar de reemplazar, la experiencia humana.

En última instancia, el trabajo de Herndon desafía la definición misma de creatividad, obligándonos a reconsiderar nuestro papel como únicos autores de arte. El surgimiento de la IA como socio creativo puede resultar inquietante, pero también tiene el potencial de generar liberación y una belleza inesperada.