Miles de demandas están convergiendo contra los gigantes de las redes sociales, alegando que diseñaron intencionalmente plataformas adictivas que dañan a los usuarios jóvenes. A diferencia de litigios anteriores centrados en el contenido, estos casos se centran en el diseño de las aplicaciones mismas, alegando manipulación deliberada con fines de lucro a expensas de la salud mental y la educación. El primer juicio importante está en marcha en California, y sus resultados están listos para remodelar las estrategias legales en todo el país.
La creciente marea de litigios
El aumento de las demandas se produce en un momento en que las escuelas se enfrentan a una creciente crisis de salud mental de los jóvenes, exacerbada por el tiempo que pasan frente a la pantalla en la era de la pandemia. Los educadores informan una disminución de la capacidad de atención y un aumento de las preocupaciones de salud mental directamente relacionadas con el uso de las redes sociales, lo que lleva a prohibiciones y debates más amplios sobre los límites digitales. Pero el cambio legal es más fundamental: los demandantes argumentan que las plataformas sabían que sus diseños eran adictivos, no advirtieron a los usuarios y se beneficiaron del daño resultante.
No se trata sólo de contenido dañino; se trata de la arquitectura de la adicción integrada en las aplicaciones. Los distritos escolares, los fiscales generales estatales y los demandantes individuales están enmarcando esto como una molestia pública, lo que obliga a las escuelas a desviar recursos hacia las crisis de salud mental causadas por el tiempo excesivo frente a la pantalla.
El argumento de la adicción: una nueva estrategia legal
Lo que distingue a estas demandas es el reclamo de adicción intencional. Los demandantes deben demostrar que las plataformas tenían el deber de advertir sobre los riesgos, no lo hicieron y causaron daños directamente. Esto evita debates relacionados con el contenido y se centra en la protección del consumidor.
Un caso clave involucra a un demandante, KGM, que alega que el uso temprano de las redes sociales provocó depresión y ansiedad. Los distritos escolares que presentan afirmaciones similares argumentan que las plataformas se dirigen a niños que conocen el potencial adictivo de sus productos.
“A alto nivel, lo que dicen los distritos escolares es: ‘Ustedes se dirigieron a los niños'”, explica el ex fiscal federal Joseph McNally. “‘Sabías que tu producto era potencialmente peligroso porque era adictivo'”.
El dilema de la Sección 230
Las empresas de redes sociales están intentando invocar la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que protege a las plataformas de la responsabilidad por el contenido generado por los usuarios. Meta sostiene que la adicción surge del contenido, no de la aplicación en sí. Los demandantes responden que funciones como los algoritmos de Instagram son inherentemente adictivas.
La línea es borrosa y los jurados enfrentarán el desafío de separar el daño al diseño de la plataforma del daño relacionado con el contenido. YouTube incluso argumenta que es una plataforma de entretenimiento similar a Netflix, intentando distanciarse de la etiqueta de “redes sociales”.
Documentos internos: ¿La prueba irrefutable?
Los demandantes se basan en gran medida en documentos internos de la empresa. Un correo electrónico de Instagram citado en registros judiciales dice sin rodeos: “IG [Instagram] es una droga. Estamos presionando a los usuarios”. Esas confesiones, si se corroboran, podrían demostrar que las plataformas explotaron conscientemente mecanismos adictivos.
Las empresas también argumentan que la “adicción a las redes sociales” no es una condición clínicamente reconocida, e incluso si lo fuera, sería difícil demostrar un vínculo causal directo con el daño a la salud mental. Sin embargo, los debates internos sobre características como los filtros faciales que imitan la cirugía plástica demuestran la conciencia del daño potencial.
Por qué es importante este ensayo
El caso de Los Ángeles se considera un “reloj” porque su resultado pondrá a prueba la viabilidad de estas teorías legales. Una victoria del demandante podría desencadenar acuerdos en miles de otras demandas, mientras que una victoria de la defensa fortalecería la posición de las plataformas. La opinión del jurado sobre la adicción en sí será fundamental.
Si los jurados rechazan el argumento de la adicción, los casos presentados por los distritos escolares se volverán significativamente más desafiantes. Independientemente del resultado inmediato, McNally predice que el litigio empujará a las empresas de redes sociales a adoptar salvaguardias más estrictas para los niños, aunque sólo sea para mejorar la percepción pública.
La batalla legal sobre la adicción a las redes sociales no se trata sólo de daños pasados, sino de remodelar el futuro de las plataformas digitales. La industria se verá obligada a considerar las consecuencias de sus elecciones de diseño, ya sea a través de acuerdos, regulaciones o litigios continuos.




















