Durante milenios, los humanos han quedado cautivados por el acto de besar. Desde primeros besos robados a los 17 años hasta representaciones cinematográficas de amor y anhelo, el beso tiene un significado cultural y biológico único. Pero, ¿hasta dónde se remonta realmente este comportamiento? Un estudio reciente realizado por la bióloga evolutiva Matilda Brindle de la Universidad de Oxford sugiere que besar no es sólo una invención humana: es un antiguo comportamiento de los primates que se remonta a 21,5 millones de años.
Las raíces evolutivas del contacto labio a labio
La investigación de Brindle, detallada en un artículo de 2025, examina los besos entre especies de primates. El estudio define el beso no como un gesto romántico, sino como “una interacción no agonística que implica un contacto oral-oral intraespecífico y dirigido”. Esto significa que no habrá comportamiento agresivo ni transferencia de alimentos (excluyendo comportamientos como que las madres mastican previamente la comida para sus hijos). Sorprendentemente, la mayoría de las especies de grandes simios, excluyendo una variedad de gorila, se besan. Esto indica que el ancestro común de estos simios, que vivió hace aproximadamente 21,5 millones de años, probablemente también besaba.
La persistencia de los besos entre primates plantea una pregunta clave: ¿por qué? La ley conlleva importantes riesgos para la salud, incluida la propagación de enfermedades como la mononucleosis (“la enfermedad del beso”). Sin embargo, Brindle sostiene que besar tiene dos propósitos evolutivos principales. En primer lugar, actúa como una forma de “evaluación de pareja”, lo que permite a los individuos evaluar sutilmente a sus parejas potenciales antes de comprometerse con la reproducción. Esto es especialmente crucial para las mujeres, que invierten mucho en el embarazo y el cuidado de sus hijos.
En segundo lugar, besar funciona como una forma de “excitación precopuladora” o juego previo. Al cambiar los niveles de pH vaginal, la excitación aumenta la probabilidad de una fertilización exitosa. Esto sugiere que los besos pueden haber evolucionado como un mecanismo biológico para asegurar el éxito reproductivo.
Más allá del romance: besos platónicos y vínculos sociales
Besar no se limita a contextos románticos o sexuales. Los besos platónicos entre padres e hijos, o incluso entre amigos, sirven como mecanismo de vinculación, liberando oxitocina y reduciendo la tensión social. Se ha observado que los chimpancés, conocidos por su agresividad, se besan para reconciliarse después de conflictos, destacando su papel en el mantenimiento de la armonía social.
Una revelación inesperada: ¿Besos de neandertal?
Quizás el hallazgo más sorprendente sea la evidencia que sugiere que los neandertales también se besaban. Al reconstruir los comportamientos ancestrales de los primates, el equipo de Brindle determinó que los neandertales probablemente también besaban. Esto está respaldado por evidencia genética que muestra que los humanos y los neandertales se cruzaron y compartieron saliva durante cientos de miles de años. Esto plantea la intrigante posibilidad de que los primeros humanos y los neandertales no sólo coexistieran sino que también compartieran momentos íntimos, desafiando nuestras percepciones modernas de estos antiguos homínidos.
En última instancia, besar no es un comportamiento exclusivamente humano sino un rasgo evolutivo profundamente arraigado, refinado y exagerado por nuestra especie. Aunque es posible que otros animales no le esculpan monumentos, el hecho es que el primer beso ocurrió hace millones de años, mucho antes del Día de San Valentín, de Hollywood o incluso de los humanos modernos.



















