Durante milenios, el Ártico ha sido visto como una zona salvaje prístina e intacta. Sin embargo, nueva evidencia arqueológica revela que los humanos han estado dando forma activamente a este frágil ecosistema durante al menos 4.500 años. Un estudio reciente publicado en Antiquity demuestra que los antiguos marinos atravesaban regularmente las traicioneras aguas del Alto Ártico, lo que influyó en el desarrollo de uno de los entornos más dinámicos del mundo.
Los primeros colonos del Ártico eran hábiles navegantes
Las islas Kitsissut, un grupo remoto entre Groenlandia y Canadá, se han considerado durante mucho tiempo inaccesibles para los primeros humanos. Los mares circundantes son notoriamente peligrosos, incluso para los barcos modernos. Sin embargo, las excavaciones en la isla Isbjørne y otros lugares dentro del archipiélago revelan que la gente vivía allí ya en el año 2700 a.C. Este descubrimiento desafía las suposiciones previas de que los primeros habitantes del Ártico estaban limitados a la tierra, siguiendo a presas migratorias como los bueyes almizcleros.
Los investigadores analizaron 297 elementos arqueológicos, incluidas viviendas y artefactos, lo que confirma los viajes regulares entre islas. Según Matthew Walls de la Universidad de Calgary, quien dirigió el estudio, estos viajes habrían requerido “una increíble cantidad de habilidad y habilidad de navegación”, dada la naturaleza impredecible de las aguas árticas. La falta de barcos conservados en el registro había oscurecido anteriormente esta realidad marinera, pero los nuevos hallazgos solidifican la evidencia.
Los humanos y el ecosistema ártico: una larga historia entrelazada
El momento de la llegada humana coincide con un período crítico de cambio ambiental: hace unos 4.500 años, una porción significativa del hielo marino del Ártico se derritió, creando polinias, áreas de agua abierta rodeadas de hielo. Esta agua no congelada dio origen a un ecosistema próspero que atrajo a especies como aves marinas, osos polares, focas y ballenas.
El estudio sugiere que todas las especies de este hotspot habrían interactuado con estos primeros colonos humanos. Este no es simplemente un caso de humanos que llegan después de que el ecosistema se haya desarrollado; más bien, la actividad humana fue una parte integral de su formación. Como señala Sofia Ribeiro del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia, esta historia demuestra que la administración no es un concepto moderno sino “algo que ha estado sucediendo… no aislado de la evolución de este ecosistema”.
Implicaciones para la conservación moderna
Comprender la historia profunda de la interacción entre humanos y el Ártico tiene implicaciones prácticas. Walls sostiene que la arqueología puede proporcionar una “plataforma… para ayudar a representar mejor las historias ambientales que dan cuenta de las historias culturales”. Los hallazgos podrían informar la toma de decisiones de los funcionarios regionales con respecto a la gestión ambiental, asegurando que las políticas futuras reconozcan el papel a largo plazo de los humanos en la configuración del paisaje ártico.
El estudio destaca que la vulnerabilidad del Ártico no es sólo un fenómeno reciente. El impacto humano ha estado entretejido en el tejido del ecosistema durante milenios, lo que hace que una perspectiva histórica informada sea crucial para una conservación eficaz.
