Durante décadas, las escuelas han luchado contra una crisis silenciosa: un gran número de estudiantes mayores carecen de habilidades fundamentales de lectura. A pesar de las recientes revisiones generalizadas de los programas de lectura, con un fuerte énfasis en la intervención temprana, los estudiantes de secundaria y preparatoria que “quedaron al margen” son en gran medida ignorados. El problema no es nuevo; Los profesores lo han presenciado de primera mano durante años. Un maestro de sexto grado recuerda a un estudiante a principios de la década de 2000 que escribió mal “Fallé gravemente” como “Me caí en cama”, demostrando una marcada incapacidad para leer incluso palabras simples a una edad en la que la alfabetización debería ser segura.

La ciencia de la lectura y su implementación desigual

El impulso actual a favor de métodos de lectura “respaldados por la ciencia” (centrados en la fonética, la conciencia fonológica, la fluidez, el vocabulario y la comprensión) no es revolucionario. Un panel federal de 1999 describió estos principios hace más de dos décadas. Sin embargo, muchas escuelas adoptaron en el pasado enfoques ineficaces como el “lenguaje completo”, priorizando las pistas contextuales sobre la instrucción explícita para decodificar letras y sonidos.

Recientemente, estados como Mississippi y Luisiana lograron mejoras notables en los puntajes de lectura temprana al implementar estos métodos respaldados por investigaciones. El éxito de Mississippi, apodado el “Milagro de Mississippi”, llevó a otros estados a seguir su ejemplo. Aproximadamente 40 estados tienen ahora leyes que exigen o fomentan la enseñanza de la lectura basada en evidencia, pero la mayoría se centra en el jardín de infantes hasta el tercer grado. La falta de recursos dedicados a los estudiantes mayores sigue siendo una brecha crítica.

Progreso estancado a pesar de la reforma

A pesar de las mejoras en los puntajes de lectura de cuarto grado (con Luisiana subiendo del último lugar al puesto 16 en la nación), la comprensión de octavo grado ha permanecido estancada. Sólo el 30% de los estudiantes de octavo grado se consideran “competentes” en lectura, una cifra que no ha cambiado desde 1992. Esta desconexión frustra a los educadores; Como señaló un funcionario, pueden mejorar los puntajes de los estudiantes más jóvenes sólo para ver cómo los logros se borran en la escuela secundaria.

Las investigaciones revelan que más de la mitad de los educadores informan que al menos una cuarta parte de sus estudiantes de secundaria y preparatoria tienen dificultades con las habilidades básicas de lectura, y algunos estiman que hasta tres cuartas partes de los estudiantes están atrasados. Esta realidad choca marcadamente con las percepciones de los padres, ya que el 88% cree que sus hijos leen al nivel de su grado, mientras que sólo alrededor del 30% realmente lo hace.

Por qué se pasa por alto a los estudiantes mayores

El problema no es simplemente la falta de recursos, sino también una incapacidad sistémica para abordar los problemas subyacentes. Identificar a los estudiantes con dificultades se vuelve más difícil a medida que envejecen, ya que muchos desarrollan mecanismos de afrontamiento o pasan desapercibidos.

Los expertos enfatizan que la clave no es sólo la intervención sino una instrucción consistente e interdisciplinaria en habilidades de lectura en todos los niveles de grado. Un investigador afirmó que “no podemos intervenir para salir de la instrucción”. Los profesores a menudo carecen de la formación adecuada para ayudar a los lectores mayores con dificultades, y el 38 % afirma que no hay desarrollo profesional en esta área.

El camino a seguir

Algunos estados están tomando medidas para abordar el problema, como la ley de Luisiana que exige que los estudiantes repitan un grado si no aprueban las evaluaciones de lectura. Sin embargo, la atención se mantiene en la intervención temprana, dejando atrás a los estudiantes mayores. Para mejorar los resultados, las escuelas deben priorizar:

  • Capacitación integral: Equipar a los maestros de todos los grados con las habilidades para identificar y apoyar a los lectores con dificultades.
  • Integración interdisciplinaria: Incorporar estrategias de lectura en todas las materias, no solo en artes del lenguaje.
  • Intervención dirigida: Brindar apoyo intensivo a estudiantes mayores que se han quedado atrás.

En última instancia, cerrar la brecha de alfabetización requiere un compromiso sostenido con prácticas basadas en evidencia en todo el sistema educativo. Ignorar a los estudiantes mayores que carecen de habilidades fundamentales de lectura perpetúa un ciclo de desventaja académica que socava el potencial de las generaciones futuras.