Los astrónomos han identificado un asteroide que gira a un ritmo sin precedentes, lo que marca un nuevo hito en la observación espacial. La roca recién descubierta, que mide 710 metros (aproximadamente 0,44 millas) de ancho, completa una rotación completa sobre su eje en menos de dos minutos, lo que la convierte en el asteroide de su tamaño que gira más rápido jamás observado.
Velocidad de rotación sin precedentes
El rápido giro del asteroide es particularmente digno de mención porque desafía las suposiciones actuales sobre la composición de los asteroides. Se cree que la mayoría de los asteroides de este tamaño son “montones de escombros” poco unidos: acumulaciones de roca, polvo y hielo. Sin embargo, para soportar velocidades de rotación tan extremas sin romperse, el asteroide debe ser increíblemente denso y fuerte, probablemente compuesto de roca sólida.
El avance del Observatorio Rubin
El descubrimiento es parte de una serie más amplia de hallazgos posibles gracias al Observatorio Vera C. Rubin en Chile. Hasta ahora, el telescopio ha identificado 19 asteroides grandes y de rápida rotación, siendo este ejemplar en particular el más extremo. Los datos fueron presentados en la reunión de la Sociedad Astronómica Estadounidense y publicados en el Astrophysical Journal Letters.
Implicaciones para la formación del Sistema Solar
El estudio de estos asteroides de rápida rotación ofrece información valiosa sobre el sistema solar primitivo. La composición y la integridad estructural de estos objetos pueden proporcionar pistas sobre las condiciones bajo las cuales se formaron. ¿Por qué esto importa? El sistema solar primitivo era caótico, con frecuentes colisiones e interacciones gravitacionales. Comprender cómo algunos asteroides permanecieron intactos mientras otros se fragmentaron ayuda a los científicos a reconstruir ese pasado.
El Observatorio Rubin: una potencia de datos
El Observatorio Rubin está diseñado para realizar un estudio del cielo nocturno durante 10 años, capturando imágenes cada tres días. El telescopio generará 20 terabytes de datos por noche, eclipsando incluso la producción del Telescopio Espacial James Webb en un factor de 350. Este flujo masivo de datos revolucionará nuestra comprensión de los objetos celestes, desde asteroides hasta galaxias distantes.
Este descubrimiento subraya la importancia de las herramientas astronómicas de próxima generación y el potencial para desbloquear nuevos conocimientos sobre la formación de nuestro sistema solar. El comportamiento extremo de este asteroide sugiere que todavía queda mucho por aprender sobre las propiedades físicas de las rocas espaciales y su papel en las primeras etapas del desarrollo planetario.



















