Investigaciones recientes muestran que una población única de osos pardos en Italia, el Ursus arctos marsicanus, se ha vuelto menos agresiva a lo largo de generaciones debido al contacto prolongado con los humanos. Esta evolución contraintuitiva surge del aislamiento de los osos y de la posterior endogamia, que, sorprendentemente, ha favorecido rasgos que reducen los conflictos con las personas.
Siglos de aislamiento
El oso pardo de los Apeninos existe exclusivamente en el centro de Italia y ha estado genéticamente separado de otras poblaciones europeas de osos pardos durante 2.000 a 3.000 años, esencialmente desde el Imperio Romano. Este aislamiento, combinado con la pérdida de hábitat debido a la agricultura y los asentamientos humanos, condujo a una reducción drástica de la diversidad genética y a un aumento de la endogamia dentro de la especie. A pesar de las consecuencias negativas de la endogamia, los investigadores descubrieron que también seleccionaba inadvertidamente un comportamiento menos agresivo.
Evolución inducida por el hombre
Un estudio publicado en Molecular Biology and Evolution revela que los osos pardos de los Apeninos portan marcadores genéticos relacionados con una agresión reducida. Los investigadores de la Universidad de Ferrara utilizaron análisis genómicos para determinar que los humanos han moldeado inadvertidamente la evolución de estos osos.
“Las interacciones entre humanos y vida silvestre son a menudo peligrosas para la supervivencia de una especie, pero también pueden favorecer la evolución de rasgos que reducen el conflicto”, afirmó el genetista Giorgio Bertorelle.
El estudio sugiere que los osos que mostraban un comportamiento más agresivo probablemente fueron eliminados por los humanos, lo que llevó a la selección de genes asociados con temperamentos más tranquilos. Esto no es necesariamente un resultado positivo para la salud general de la especie (la endogamia todavía representa una amenaza), pero sí resalta una consecuencia sorprendente de las interacciones entre humanos y vida silvestre.
Implicaciones paradójicas
Los hallazgos presentan una paradoja: si bien la actividad humana ha puesto en peligro al oso pardo de los Apeninos, también ha impulsado inadvertidamente la evolución de rasgos que minimizan el conflicto. Esto sugiere que incluso las poblaciones gravemente afectadas pueden conservar adaptaciones genéticas valiosas que merecen preservación. El estudio subraya la compleja relación entre los humanos y la vida silvestre, demostrando que incluso las interacciones negativas pueden conducir a resultados evolutivos inesperados.
La historia del oso pardo de los Apeninos es un recordatorio de que la evolución no siempre sigue un camino sencillo. A veces, las mismas presiones que amenazan a una especie también pueden remodelar su comportamiento de manera que garanticen su supervivencia.



















